Por Irene García Pérez

En su libro Economía de la Empresa, cuando trata el tema de la Integración vertical y la especificidad de los recursos, presenta una aplicación en la que habla del aumento de la subcontratación y el empleo autónomo por la rigidez del mercado de trabajo.

 -¿Trabajamos mejor siendo nuestros propios jefes?

¿Mejor? ¿Más cómodos? ¿Trabajamos más? ¿Nos esforzamos más? Ceteris paribus yo creo que sí. Pero dependerá mucho de qué incentivos tengamos cuando estemos trabajando como empleados.

Mejor podría significar, en un contexto de tareas múltiples, que estás trabajando por cantidad y calidad. Entonces, en muchas situaciones de éstas sí trabajamos mejor porque somos retribuidos con el beneficio (y el beneficio mide tanto cantidad como calidad).

¿Estamos más satisfechos o salimos mejor parados? ¿Nuestra utilidad es mayor? Puede que muchas veces no, puede que en nuestro país se den situaciones en las que mucha gente se convierte en empresario sin querer.

¿Sin querer?

Sí, en autónomo sin querer ser autónomo. Tenemos una regulación del mercado tremendamente intervencionista. Una regulación que pretende proteger al trabajador pero que en realidad protege sólo al trabajador con empleo. En esas condiciones en las que empleador y empleado se ven obligados a contratar en nuestro país – y puesto que dos no contratan si uno no quiere – los empleadores son muy reacios a contratar trabajadores. Contratan sólo el mínimo posible. Eso genera un fenómeno que todos conocemos de mucho desempleo, pero genera también otro fenómeno, que conocemos menos, de “autoempleo”.

Coge un folio y, bolígrafo en mano, esboza un esquema que ilustra la explicación más detallada.

En transporte y mercancías, al conductor que es dueño del camión en lugar de ser un trabajador empleado es un “autopatrono”. A veces está trabajando sólo para una empresa, casi en exclusiva. En realidad es un trabajador que cobra la renta residual, el beneficio. Como consecuencia está muy motivado para trabajar, para saltarse los límites de velocidad, seguridad, etcétera, cosas que si fuera un empleado no haría. Pero lo has convertido en empresario, muchas veces en contra de su deseo.

Piensa en el modelo de agencia (modelo básico de asunción de riesgos): le estás transfiriendo el riesgo. Con frecuencia, vemos que existe gran variación en los precios del combustible. Ese riesgo exógeno lo asume el autónomo pero no un empleado. Me cuesta creer que, dadas las preferencias de estos conductores, su óptimo sea asumir ellos los riesgos. En España esto es lo menos malo porque tenemos una regulación laboral disparatada.

La tecnología actual permite monitorizar mejor cómo se usan los camiones. Se podría pensar que estas tecnologías llevarían a aumentar la integración vertical, es decir, menos autopatronos y más conductores asalariados. Y eso es lo que se ha visto en EEUU, que tiene un mercado de trabajo más libre. Montaron sistemas que controlan más a los trabajadores. Sin embargo en España, en esos mismos años, ocurrió lo contrario, cada vez más autónomos. Probablemente hubo cambios regulatorios que fueron en dirección opuesta; o simplemente la jubilación de conductores. Dadas las circunstancias del entorno institucional, a medida que se van jubilando mis antiguos conductores asalariados los voy sustituyendo por esta alternativa. Lo hicieron muchas empresas en los años 80-90,  externalizaron la flota de conductores. Las nuevas empresas que aparecían lo hacían con autopatronos.

Ocurre algo similar en la construcción. Empecé a trabajar esto en los 90, con Manuel González-Díaz. Analizamos una empresa de construcción asturiana que tenía 200 trabajadores. Contaban entonces con técnicos, arquitectos, vendedores, finanzas y una pequeña cuadrilla de albañiles para hacer ciertos trabajos. Facturaba mucho más con este equipo que en los años sesenta, cuando empleaba a 3.000 personas.

La clave de esto es la subcontratación, que hace que tengas una estructura desintegrada, fragmentada. Le da un dinamismo tremendo a la construcción. Este sector  en España ha tenido un recorte sustancial con la crisis, ha ido mucha gente al paro, pero podía haber sido mucho peor. De no haber ido al paro y caer las empresas hubiera sido mucho más dramático. Se puede decir “el ajuste lo están pagando los trabajadores”. Siempre lo acaban pagando los trabajadores. En el fondo, en muchos casos de estos de recesión, se trata de si lo pagan hoy o lo posponen. Tienes una empresa que te está yendo mal y debes pagar nóminas: desaparece la empresa y los trabajadores al paro. ¿No sería mejor poder despedir a la mitad de la plantilla al principio y subsistir la empresa?

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